Un adios es un adios y da igual como lo adornes, un final, un hasta luego o un, un... ¡que más da! Ahí fuera están perdiendo la vida y no importa. Como seguir ante este panorama, si ni siquiera lo entiendo. Como hacer para retroceder, si nunca he mirado atrás, si nunca me he parado a escuchar.
¡Oh Dios! Si de verdad existes para las guerras, no dejes que el hambre siga comiendose el mundo. No pactes con el único Dios que ha sentado catedra universal, no lo hagas por favor... Olvida tus pecados y condena a los que en tu nombre han asesinado por dinero. ¡Oh Dios! Tu no tienes la culpa, nadie te preguntó si querias serlo.
Dijo en una ocasión un tal Lenin: "Una mentira repetida muchas veces se convierte en una gran verdad". A este lado del globo, un mundo libre, en paz y sin pobreza es una gran verdad. Y eso, aderezado con los anuncios del Corte Inglés y los debates de Gran Hermano han hecho de esta sociedad una oda a lo absurdo, un poema a la tristeza.
Hasta que nos borre el viento... nació con la clara intención de pasar de este POBRE rico mundo. Surgió como una denuncia a menudo contra todo y a diario contra nada. Porque nada se lo merece. Porque nada de lo que hay merece la pena cuando se trata solamente de la vida.
Llega el momento de decir adiós, sin adornos. Pensando que Lenin se equivocaba en una cosa: Una sóla prueba física desmontaría su teoría... millones de muertos desmontan la nuestra. Y sí, me incluyo. He de reconocer que esta guerra la he perdido.
martes, 10 de noviembre de 2009
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