¡Ay enemigo, enemigo!
Me preguntaba porque hemos cambiado tanto, hace años que no nos encontramos y creo que ya no logro reconocerte. Sin embargo, siempre serás mi enemigo, juntos crecimos y juntos descubrimos esta injusta vida. Desafíante, con el cuchillo entre los dientes... cada vez que alzaba la mirada estabas ahí, no importaba el lugar, el día, ni mucho menos la compañía. Jamás había tregua.
Dice un viejo refrán: "A enemigo que huye, puente de plata". Espero pues, con todas mis ganas, una última batalla en el cielo.
Descansa en paz, enemigo.
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