Vidas que se cruzan, almas que convergen en un mismo tiempo, en un preciso espacio; frías miradas que se cortan en un amanecer... expresiones que pasan inadvertidas.
Se podría parar el mundo, hablarnos y conocernos como si de personas se tratase, pero el reloj biológico es estricto. ¿Y pasar las horas muertas en una plaza cualquiera? Por desgracia, el tiempo nos maneja.
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