Que hoy no consigo ni verte, se ha hecho tarde y parece no importar. La gélida noche nos guía a una cálida luna que nos aguarda, y lo hace en tu coraje.
¿Fue el alcohol o fue mi enagenación transitoria? Pero yo vi a dios, y lo vi convencido. Me prometió el sol y desde entonces no ha dejado de llover.
Anteayer sentí la pobreza y no supe articular palabra, quise redimir mis penas, y lo único que logré fue el abrazo de mi conciencia. Decidí acudir a dios, pero ya no estaba.
Muerte y religión van de la mano... pero esa es otra historia. Hoy toca olvidar.
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