Todo se viene abajo, hoy muero en vida, mañana vuelvo a nacer... Y lo único que queda es el reflejo de aquel bello paisaje. Soy libre y nado por las aguas salvajes que salen de tu mirada. Triste mirada, condenada por la guerra, condenada por el hambre.
Emprendí un viaje hacia la nada no se sabe cuanto tiempo atrás, buscando algo por lo que apreciarnos... Metido en esa puesta de sol, arena entre mi cuerpo, no viendo más allá del punto donde se une la vida con la muerte, el mar con el cielo. Durante unos segundos, las aguas ahora brotan de mis ojos, ardientes de conocer, el porqué de mi condena.
Yo soy como el mar, camino en el alambre de mis resacas, algunas veces para sentir, de costumbre, para olvidar. Yo no aprecio la vida, morir es de ley y tenerle miedo de cobardes.
Por eso creo en el mar, ajusticiero de valientes que en un pasado glorioso osaron a dominar lo indomable, atrevidos que obviamente fracasaron. El mar es lo único que nos queda de libertad. Es libre y desafía a esta calamidad mal llamada “Planeta Tierra”.
Lo aprecio, yo también quiero ajusticiar, luchar y salir victorioso. Pero soy débil, siento pena por el mundo, siento pena por este injusto mundo.
Lo aprecio, yo también quiero ajusticiar, luchar y salir victorioso. Pero soy débil, siento pena por el mundo, siento pena por este injusto mundo.

Aitor! Fenomeno! Menudo escrito no? Pues no sé si conocerás el mar, pero es gloria bendita..jajaja
ResponderEliminarEs que he visto que tenías blog, en el tuenti que has puesto el enlace, así que te agrego! :)